La pandemia dispara los casos de ansiedad y depresión

La crisis del coronavirus está teniendo graves consecuencias sobre la salud mental de la población. Las consultas médicas a los psicólogos y psiquiatras se han duplicado y se calcula que uno de cada tres adultos está experimentando algún tipo de angustia. Muchos no entienden qué les pasa, ni siquiera conocen las diferencias entre ansiedad y depresión, pero saben que se encuentran mal y que necesitan ayuda.

Otro detalle significativo son las búsquedas en internet; la palabra clave ”ansiedad” se ha tecleado con insistencia en Google en el último año. Las búsquedas de este término aumentaron un 33%, sobre todo durante los meses de confinamiento y lo mismo sucedió con la palabra “depresión”. Son síntomas asociados a lo que se ha denominado “fatiga pandémica”, un cansancio acumulado a causa de las experiencias y situaciones que venimos experimentando desde hace ya casi 12 meses.

Apoyo psicológico para una situación excepcional

Las búsquedas relacionadas con la ansiedad y la depresión muestran un cierto desconocimiento de la población acerca de estas dos enfermedades. Aunque ambas patologías puedan ir asociadas, la ansiedad y la depresión tienen sintomatologías diferenciadas y en muchos casos, orígenes distintos.

En el caso de la pandemia, se ha vivido una situación excepcional. Las causas de la ansiedad y la depresión han tenido un elemento común, que es la explosión de la Covid, pero cada paciente ha desarrollado una respuesta propia. Son manifestaciones distintas de una situación de estrés extraordinaria, que en la mayoría de los casos ha necesitado tratamiento o apoyo psicológico. De hecho, según los datos de los departamentos de salud de las diferentes autonomías, las consultas relacionadas con trastornos de ansiedad y depresión aumentaron más de un 130% en los meses de abril y mayo.

La mayor parte de estas consultas se realizó vía telefónica, porque los servicios médicos presenciales quedaron restringidos a los casos más urgentes. Además de la ansiedad y la depresión, se detectó un crecimiento considerable de trastornos especialmente alarmantes, como comportamientos suicidas, lesiones autoinfligidas o abusos de las drogas y el alcohol.

Para hacer frente a esta situación excepcional, los distintos servicios de emergencia activaron un sistema de apoyo emocional telefónico destinado a la ciudadanía. En el caso de Cataluña, por ejemplo, la mayor parte de las consultas tuvieron relación con pensamientos obsesivos (15%), insomnio (13%) dificultades de adaptación a la nueva situación laboral (11%), preocupación por las personas mayores e inquietud por patologías previas, entre ellas los problemas de salud mental.

Aumento de los ansiolíticos y somníferos

Los efectos de la pandemia han llevado consigo un aumento importante del consumo de ansiolíticos, antidepresivos y somníferos. La administración de estos medicamentos con receta pasó del 6 al 17% y el incremento más significativo se dio entre las benzodiacepinas (ansiolíticos) y los inhibidores de la serotonina (antidepresivos).

Entre los colectivos más afectados por problemas de salud mental figura en lugar destacado el personal sanitario, que ha estado expuesto a un estrés superlativo. Pero también ha habido otro grupo especialmente vulnerable: el de los menores. Un sector de jóvenes menores de 18 años mostró altos niveles de angustia durante el confinamiento.

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